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Un trabajo para la vida

En este presente tan caótico hay pocas certezas, pero una, sobre la que no tenemos dudas, es el cambio radical que va a experimentar todo lo relacionado con el trabajo.

Ya forman parte del pasado las 40 horas, 40 semanas durante 40 años ejerciendo la misma profesión u oficio, o en el mismo sector, o de la misma forma. A nadie debe sorprender que este cambio afecte en qué trabajamos, quien o con quien trabajamos y donde trabajamos. Cambios inevitables para los cuales algunos empleadores no parecen estar preparados. Los que sí lo están son los millennials que ya están ocupando sus posiciones y no van a aceptar algunas de las clásicas formas de trabajar.

Las diferentes tendencias que afectan a todo lo relacionado con el trabajo deben analizarse conjuntamente. No podemos valorar la pirámide poblacional sin la influencia de la inteligencia artificial, o la incorporación de población joven al mercado de trabajo sin la tecnología. Si añadimos el tratamiento masivo de datos, la automatización y la movilidad sostenible tenemos un buen conjunto de tendencias que afectarán a todo lo relacionado con el trabajo.

Básicamente este conjunto de tendencias podemos agruparlas en dos categorías: tendencias sociodemográficas y tecnológicas. Los efectos que van a tener estas diferentes tendencias se pueden agrupar en tres ámbitos: el trabajo, las personas y los lugares de trabajo.

Sobre el trabajo, la automatización de tareas orientará su naturaleza hacia la creatividad, la experiencia y la innovación.

Por un lado, deberemos capacitarnos mejor en estos ámbitos, tender a habilidades multidisciplinares y al intercambio de roles. Las organizaciones por su parte deberán perseguir la agilidad y fijarse en los resultados frente a equipos dispersos y virtuales.

Sobre las personas, deberemos reinventarnos para adaptarnos a un contexto cambiante, aumentar nuestra capacidad para adquirir nuevos conocimientos. En este sentido la tecnología será parte de la solución porque permite la disponibilidad del aprendizaje continuo al alcance de más personas. A cambio las personas tendrán acceso a trabajos que antes les habrían parecido imposibles.

Sobre los lugares de trabajo, redefinir los espacios físicos y los requisitos que deben cumplir las oficinas en un desempeño híbrido del trabajo. La reducción del viaje diario y de la falta de presencia física conllevará la reducción de espacio necesario y a las ubicaciones flexibles o adaptables.

¿Por dónde empezar? Las empresas deben tomar una nueva perspectiva para reimaginar el trabajo. Es más importante que nunca ayudar a las personas a ampliar sus capacidades digitales y dar agilidad a la organización con jerarquías más planas.

Las organizaciones deben dar con una buena combinación de lo físico y lo digital para encontrar el equilibrio entre la necesidad de colaboración y la necesidad de flexibilidad.

En lugar de ser el sitio predeterminado de trabajo para todos, las oficinas deben ser el lugar para la innovación, cocreación, trabajo en equipo y celebración.

Se debe repensar cada paso, cada tarea, cada proceso reformulándolas sin que genere un conflicto entre la tecnología y las personas. Definir el talento necesario en nómina y el talento flexible y ser capaces de proporcionar una experiencia atractiva para todos.

Aunque disponer de lo necesario para desempeñar el trabajo remotamente pasará a ser una responsabilidad compartida, los empleados deben tener claro que, como trabajadores remotos, deberán invertir individualmente o a través de las empresas en un sistema de conectividad robusto y con las herramientas digitales necesarias.

Finalmente, y quizá lo más importante, el liderazgo ha de construir una relación de confianza con toda la organización para no someterla a una toma de decisiones tradicional que conlleve la pérdida de talento y de agilidad.

El futuro del trabajo va a ser radicalmente distinto a lo que hemos vivido hasta hoy. Y algo que nos ha ayudado a comprobarlo es el factor acelerador de la pandemia, que ha mostrado tanto la profundidad de los cambios como la falta de preparación que teníamos para afrontarlos. Estamos a tiempo.

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